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UN ALMACÉN LE DIO NOMBRE AL PUEBLO Y UNA ESTACIÓN NO TUVO PACIENCIA

El VIEJO ALMACÉN DE RAMOS GENERALES LE DIÓ NOMBRE AL PUEBLO ALLÁ POR EL 1880

Ubicado en el corazón de la novena sección de departamento de Cerro Largo el viejo almacén de ramos generales llamado “Arévalo”, donde funcionó también una estación de Ancap entre el 1930 y finales de la década del 60, fue el comercio de referencia de una zona tan aislada como pujante.

En la actualidad, los carteles de Ancap ya deslucidos y herrumbrados son una burla al presente donde cientos de vehículos pasan en menos de una semana por el lugar, sin poder surtir ni medio litro de combustible en la estación que cerró hace más de 50 años.

“Actualmente son unos mil los camiones que salen de Arévalo todos los meses y en un año aproximadamente ese número se triplicará. “Saldrá un camión con madera cada 10 minutos y eso sin contar la producción ganadera y agrícola de la novena, la que mayoritariamente utiliza esa misma ruta para conectar con la 7”, nos indica el alcalde Eduardo Lucas.

A la luz del tiempo, a la otrora estación de servicio con frente al local de la “Sociedad Rural 25 De Mayo” le faltó paciencia o el tiempo se la devoró. Es que, por aquellos años ni el más visionario de toda la región hubiese imaginado un cambio tan rotundo en la historia de este pago.

DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN

Alberto Bengochea tiene 67 años y supo trabajar de muchacho en el almacén que había comprado su padre (Ariel Bengochea Arévalo) al Toto Arévalo, “en el 1962 o 64, junto al Beto Zabala”, según nos dijo.

“Don Francisco Arévalo allá por el 1880 tuvo pulpería en las costas el arroyo Tarariras, pero como una creciente se la llevó, tiempo después su hijo Raúl siguió con el mismo rubro pero instalado en lo que hoy es el pueblo.

De la vieja pulpería se conservan sólo las rejas y no mucho más”, nos dice Bengochea, quien bucea en sus recuerdos para traer al presente los nombres de un albañil de apellido Prebenda, que construyó el almacén de ramos generales y también el club social 25 de mayo (en 1911).

Nuestro entrevistado nos habla de Martin Silva (conocido como el abuelo) y de un tal Julián Rodríguez, quienes rellenaron a carretilla un terraplén gigante que todavía está en el lugar.

Apellidos como Souto, Lamas y Estabillo, también supieron estar al frente del emblemático comercio. “Recuerdo que por aquellos años llegaban en el tren los barriles de 200 litros de nafta y querosén; pero a fines del 60 ya no había casi autos en Arévalo y al mejorar los caminos después ya surtían en Santa Clara”, nos indica con nostalgia el antiguo vecino.

La venta de semillas, bebidas, frazadas, botas, herramientas, velas, herraduras, dulce en lata, cuchillos, caña, tabaco, comestibles y una infinidad de productos “imposible de detallar”, formaban parte de la propuesta comercial de estos grandes almacenes de campaña que eran referencia en cada lugar.

Caballos atados en el palenque del comercio, carruajes, diligencias, bicicletas, alguna moto, los primeros Ford T del siglo pasado y otros vehículos que han acompañado la evolución, supieron rondar el almacén de Arévalo, donde las generaciones, los nombres y las historias se entrelazan dándole una identidad de trabajo a este rincón rural de Cerro Largo.

En la actualidad el viejo almacén es casa de alquiler y en las calles que fueron de tierra ahora hay bitumen, en los campos muchos árboles, en las columnas se puso luz y en la localidad hay escuela, Utu, alcaldía, panadería, red de cobranzas, comisaria, cancha de futbol 5, viviendas, gomería y trabajo. Evidenciando así, el avance vertiginoso de este verdadero símbolo del Uruguay profundo que está dispuesto a crecer, pero no a olvidar que hace casi 150 años atrás y en una pequeña pulpería ubicada en las costas del Tarariras, se comenzó a forjar la identidad de este pueblo.

Pablo González Juarez

Periodista / fotógrafo/ productor.
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