CIPRIANA; LA NIÑA DE LA PEDRERA QUE VENCIÓ LA ADVERSIDAD
VIVIENDO A ORILLAS DEL VERTEDERO MUNICIPAL, SIN LUZ Y SIN AGUA, SU FAMILIA APOSTÓ SIEMPRE A LA EDUCACIÓN

La historia que llega a nuestras manos es inspiradora y tiene bajo el nombre de Cipriana un sinfín de vivencias y aprendizajes dignos de resaltar. El largo camino de “la niña de La Pedrera”, como hemos dado en denominar, siempre estuvo plagado de obstáculos, los que logró vencer heroicamente junto a su familia, la que, pese a las condiciones del entorno social siempre apostó al estudio de los niños del hogar como un trampolín de vida, sueños y libertad.
“La Pedrera” está ubicada a 8 kilómetros de la ciudad de Melo y allí, diariamente se depositan desde hace 33 años toneladas y más toneladas de los residuos que vomita la ciudad. Las familias residentes en este paraje rural no eligieron ese destino, pero han tenido que convivir con él a consecuencia de las decisiones adoptadas por la administración Nin Novoa en el 1990, cuando se determinó que en ese gran predio municipal se instalaría un basural, cambiando para siempre la vida de las familias del lugar, entre ellas, la de Cipriana Dos Santos Pérez.

ENTRE EL HUMO Y LA BASURA NUNCA DEJÓ DE FLORECER LA ESPERANZA
La protagonista principal que da origen a esta crónica es digna de admiración, pero los personajes secundarios que forman parte de la misma merecen también un gran reconocimiento. Algunos se destacan por el esfuerzo, la empatía, la visión, la solidaridad y también por la silenciosa rebeldía de luchar a brazo partido ante la adversidad.
“Cipriana es humilde, cariñosa y cada vez que viene no se quiere ir. Es muy amable con todos los vecinos y le encanta su barrio”, reconoce su mamá, Olga Pérez, quien cuenta que su hija “tampoco tiene problema en ayudar al padre a atar un ternero, ordeñar una vaca o entrar astillas para el fogón; y si no hay y tiene que agarrar una motosierra y cortar la leña, lo hace”, expresa con naturalidad Olga, una mujer reconocida en la zona por su trabajo comunitario.
“Cuando me dijo que quería irse a la capital para hacer una carrera, tuve miedo, porque ella no conocía a nadie. Pero al poco tiempo y por temas de salud yo tuve que viajar a Montevideo y ella quiso ir, así ya conocía la facultad. Después de eso se fue y se abrió caminos por sí sola; trabajó, estudió, nunca perdió ni una clase y finalmente se recibió”, cuenta con orgullo a CERRO LARGO PORTAL la madre de la Doctora.
“Siempre fue muy inteligente, muy decidida y ahí está el resultado”, concluyó.

RELATO EN PRIMERA PERSONA:
“Mi nombre es Cipriana Dos Santos. Soy oriunda de La Pedrera – Cerro Largo, tengo 28 años, y un hermano fruto del matrimonio de mi padre Noé Dos Santos y mi madre Olga Pérez. Crecí hasta los 11 años en el campo, a 2 km aproximadamente de la escuela 23 de La Pedrera, a unos metros del vertedero de la Ciudad de Melo (instalado por orden del Gobierno de ese momento, no importándoles que allí vivían alrededor de 20 familias con niños y que a todas estas personas en un futuro inmediato les iba a perjudicar la instalación de esa basura).
En ese momento mi papá además de dedicarse a su trabajo como sereno en la intendencia también se dedicaba al campo, para que pudiéramos cosechar alimentos y de esta forma abaratar costos.
Recuerdo que teníamos dos vacas lecheras, algún cerdo que se carneaba para nuestro consumo y además plantábamos diferentes verduras, digo “plantábamos” porque todos en casa ayudábamos a Papá con esa tarea.
Puedo en mi memoria revivir como si fuera hoy, cuando montada en el caballo “Negro” -al que tenía que dirigir porque Papá iba atrás con el arado – que en un breve descuido aplasté las plantas de zapallo, y en ese momento papá se molestó por el desastre que había hecho…
Teníamos un hogar muy humilde, con diferentes carencias, las más importantes eran el agua potable y la luz eléctrica, pero estas jamás fueron impedimentos para salir adelante, sino que siempre fueron un impulso para luchar por una vida mejor. Papá y mamá nos inculcaron a mi hermano y a mi algo muy importante, como ser buenas personas, amables, honrados, estudiosos y trabajadores. Siempre nos decían: “lo único que les podemos dejar de herencia es el estudio”.

Recuerdo que desde los 8 años estudie en la ciudad de Melo el idioma inglés en el “Instituto Selva Lima” y además hacía teclado con Susel Correa, todos los días a las siete de la mañana salíamos con papá en su pequeña moto de apenas 70cc sin importar la lluvia, frio, o la condición meteorológica que hubiera, jamás faltaba a una clase.
Desde niña siempre me gusto estudiar, recuerdo que era un placer ir a la escuela y aprender cosas nuevas cada día, tuve muy buenas maestras como Mariela, Dinora, Marisa y Roxana, de las que aprendí mucho y a las que recuerdo con cariño.
A mis 12 años gracias al trabajo realizado durante varios años por mi madre Olga Pérez, y dos vecinos Ester Fernández y Hébert Antúnez más el apoyo de la Socióloga Adriana Delgado y la Asistente Social Virginia Aspiroz se logró que mediante la ayuda del PIAI (Programa de Integración de Asentamientos Irregulares) se realizaran 17 viviendas para realojarnos en un lugar más alejado del vertedero y poder contar con agua potable y luz eléctrica, siendo estos bienes básicos de primera necesidad cuyo acceso debería de ser garantizado como servicio público.

Realicé escuela rural y ciclo básico en la escuela y liceo rural 23 de La Pedrera, después para culminar bachillerato tuve que trasladarme todos los días durante 3 años al Liceo N.º 1 Juana de Ibarburu, haciendo 20 km en moto para poder concurrir a clase y terminar ese ciclo de estudios, ya que mi sueño era mudarme a Montevideo para realizar una carrera de grado. Quiero hacer una mención especial de agradecimiento a una de las personas que siempre me ayudó en esta época, tanto con libros como con ropa, mi gran amigo el Dr. Milton Da Silva, gran persona con un corazón bondadoso, que hoy en día me sigue ayudando, prestándome una oficina en su consultorio para que pueda atender a mis clientes de Melo. Cuando me recibí de abogada uno de los primeros mensajes de felicitaciones fueron los suyos, con la gran sorpresa de ofrecimiento de esa oficina para que pudiera atender en Melo.
Cuando culmine el bachillerato tenía claro que lo que quería seguir era la carrera de abogacía en Montevideo, no tenía los medios económicos, pero sabía que con esfuerzo y dedicación lo podía lograr, así que empecé averiguar sobre becas de estudios y residencias estudiantiles donde poder quedarme, conseguí que me fuera otorgada la Beca del Fondo de Solidaridad y la Beca del Comedor Universitario por lo que ya contaba con algo para poder comenzar.
En febrero de 2013 me anoté a facultad y ese mismo día por intermedio de una conocida conseguí una entrevista de trabajo para hacer tareas de limpieza y además cuidar 2 niños. Solamente volví a la Pedrera para hacer las valijas y retorné para Montevideo ya con trabajo, y aunque las clases comenzaban en abril fui antes por esa oferta laboral y así poder ahorrar algo de dinero y pagar algunos de los gastos. Mis padres me ayudaban con la comida y los boletos debido a que me quedaba lejos la facultad (mamá hacía dulce de leche, pan casero para vender y de ahí me juntaba para los boletos -jamás olvidare todo el sacrificio que hicieron para poder ayudarme-) y mis abuelos que siempre me ayudaban con algún monto para que me pudiera comprar lo que necesitará para facultad o para poder comprar los boletos para ir a verlos en Cerro Largo.
Varias personas me dijeron que estaba “loca”, que “a los días me volvería a campaña”, pero no fue así, porque las ganas de superarme fueron mayores que el miedo a estar sola en una ciudad desconocida.

Ese primer año fue muy difícil, ya que cuesta adaptarse y más aún estado sola en una ciudad desconocida, al mismo tiempo tan sumergida en la facultad y en salvar las materias de la carrera para poder continuar con la beca, que el tiempo pasa sin percepción de ello.
En 2014 mediante el programa “yo estudio y trabajo” quedé seleccionada y tuve el agrado de trabajar en Asesoría Jurídica de INAC (Instituto Nacional de Carnes) donde aprendí mucho y conocí personas maravillosas que siempre me impulsaron a continuar. Con ese dinero, más la beca de estudio podía sostenerme y pagarme la residencia estudiantil, pero era solamente por un año, así que a finales de 2015 tuve que buscar otra cosa y conseguí otro trabajo como niñera, con esta familia hice la temporada en Punta del Este y además trabaje en Montevideo.
A fines del 2016 conocí a mi esposo, mi gran pilar, ha sido de gran bendición para mi vida, porque apareció justo cuando mi vida era un caos. No bastaba con estar lejos de mi familia y desempleada nuevamente, cuando me diagnosticaron una enfermedad autoinmune con manifestación en piel, que tiene que ser tratada con fototerapia, al ser un tratamiento de alto costo, para ese entonces mi mutualista no lo cubría.
Destrozada y esperando resultados de la biopsia de piel, por más de un mes sin descartar que fuera cáncer en la piel, me vi emocionalmente desbordada.
Me recibí de procuradora a fin de ese 2016 y para mí había sido un gran logro.

En 2017 conseguí trabajo en Gales Servicios Financieros y trabajé unos meses ahí, al haber comenzado el tratamiento y ser muy invasivas las sesiones de la fototerapia, no me sentía bien a causa de reacciones alérgicas, me llevaban en múltiples ocasiones a estar internada para mejorar; por lo que tuve que dejar el trabajo.
Para ese entonces, la concentración en el estudio no era plena, sino que quería abandonar porque me sentía mal física y mentalmente, pero con el apoyo de mi esposo (en aquel momento éramos novios), logramos salir adelante (recuerdo que una vez me llevo a facultad de pantuflas porque yo no quería ir).
Esa muchacha tan alegre y optimista se había derrumbado con esa enfermedad y con el posterior fallecimiento de mi abuela, entrando en una gran depresión, por lo que a partir de 2018 decidí hacer menos materias por año y tratar de recuperarme.
Mi idea nunca fue atrasarme en relación con la carrera, pero en la vida te pasan cosas que son tan inesperadas y que sin darte cuenta te destrozan de un día para el otro.
Poco a poco en manos de psiquiatra, hematóloga, dermatólogas, mi familia, y Dios, fui saliendo adelante y en 2020 en plena pandemia salvé la última materia que me quedaba y que no me animaba a rendirla, y así me recibí de abogada.

Si me preguntaran ¿ha sido fácil el camino? Mi respuesta es un rotundo NO, no lo fue, pero si me preguntaran si ¿valió la pena? Respondería con gran entusiasmo que SI. Porque hoy en día me encuentro en otra situación, transité por caminos que me hicieron madurar y empecé a valorar más las cosas, dándome cuenta de que lo que más importa es la familia, la salud y el amor y que lo demás es secundario y temporal.
En 2021 me especialice en Derecho Laboral por la Universidad de Montevideo y desde 2022 asisto como oyente a la catedra de Rosina Rossi de Derecho del Trabajo y Seguridad Social II en la Facultad de Derecho de la UdelaR, ejerzo de forma particular en Melo y Montevideo.
Agradecida con mi familia, mi esposo y amigos que siempre me han impulsado a seguir y no han dejado que me rinda, no olvidando de dónde vengo ni quien soy”, contó a Cerro Largo Portal “la niña e la pedrera” que le ganó a la adversidad.

MIRÁ DE QUIEN TE BURLASTE
Sin tiempo para el rencor en su vida, Cipriana no incluyó en su relato detalles sobre un hecho sorprendentemente discriminatorio al que también debió enfrentar como estudiante, además del choque cultural, la separación familiar, la soledad y la incertidumbre.
En un trabajo presentado ante la propia facultad y al que accedió Cerro Largo Portal, la joven resiliente contó que en sus primeros tiempos de estudiante terciaria recibió un desmotivador e imborrable discurso (si así se quiere) de un catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, quien, en sus textuales palabras dijo: “(…) ¡que hace aquí Dos Santos, si hizo liceo rural la facultad no es para usted! (…)”.
A la luz de los hechos, las crueles palabras del “docente” lejos de desmotivar a la estudiante del interior profundo, volvieron a ser un plus que la impulsó a seguir superando escoyos, potenciando lo mejor de su capacidad para volcarlo en el ámbito académico, “recordando las familiaridades de la crianza y el entorno de su adolescencia, como por ejemplo el simple hecho de saludarse, estimar al prójimo y las simplezas del vínculo humano, dotes que no se aprenden en la facultad, cualidades que entendió no se enseñan en un aula, sino que la facultad solo forma profesionales como instrumento de trabajo y tal vez como un número más dentro del montón.
Lo que vivió hasta ese momento fue un cúmulo de experiencias que en el futuro inmediato serían herramientas para tomar decisiones sustanciales y que la ayudarían a proyectarse en algo mayor, recibirse”, contó en tercera persona la ex alumna Cipriana Dos Santos, en un trabajo presentado ante la Universidad de Montevideo, Escuela de Posgrado en el año 2021.

RRHH QUE REGRESAN
En tiempos donde nuestros jóvenes se forman y se van, estudian y se quedan en Montevideo, la doctora que no olvida sus raíces lo demuestra también desde el campo laboral. Si bien cuenta con trabajo y actividades profesionales en Montevideo, Cipriana, ahora busca un nuevo desafío en su vida y en su carrera, ya que le gustaría consolidarse como abogada pero en la ciudad de Melo, donde brinda asesoramiento profesional semanalmente en oficinas de CAME, en Batlle y Ordoñez casi De La Rosa (cel. 098171414).
Es sabedora que el mercado ya cuenta con profesionales de renombre y de buena trayectoria, pero confía en su potencial para ganarse un lugar en su tierra natal ¿Alguien podría dudar en que lo logrará?