62 AÑOS DE MÚSICO: “Dame la hermosa condena de ser tu esclavo… guitarra”
DILAMAR SILVA, EL PROFESOR QUE FUE JOCKEY, PEÓN RURAL Y CONTRABANDISTA

A lo largo de más de 60 años de trayectoria su virtuosa guitarra a sonado en bandas, grupos y orquestas de Cerro Largo y la región. Su primera propuesta artística fue en el lejano carnaval del 62, donde por primera vez aquel joven oriundo de Rivera, se presentó ante un público melense que lo adoptó.
Guitarrista, trompetista y amante de la armónica, que fue el primer instrumento que tocó, ha sabido a lo largo de más de medio siglo ser un músico consecuente, solidario y compañero.
Desde su querido barrio Hipódromo, el hoy jubilado profe de guitarra, sacó tiempo de su día a día para confiar a Cerro Largo Portal algunos de sus silencios.
“Nací en la octava de Rivera, allí hice mi primer año de escuela en el paraje “zanja onda”, pero enseguida nos vinimos a Melo y terminé mis estudios en la escuela 10. Eran otros tiempos, de mucho sacrificio y por eso, a los 12 recién cumplidos me fui a trabajar a las estancias”, recuerda con nostalgia el veterano músico.
Seguramente en esos años de sacrificio, ligado al campo, al caballo, a la sierra, al aire fresco del amanecer y al calor del fuego en invierno, fue despertando en el joven Dilamar su pasión por la tradición, por el folclore y en particular la guitarra.
“A los 17 me regresé a Melo en busca de nuevas oportunidades y con el objetivo de estudiar guitarra”, cuenta el docente. Sin olvidar, que llegó incluso en sus “años mozo” a contrabandear caballos desde Brasil. “Los pasábamos por campos de varias estancias en las que trabajé en Rivera y también fue allí, en esas largas travesías, donde comencé con mis primeras armas de músico, tocando la armónica”, recuerda.
Se le nota en el tono de su voz que sus palabras lo llevan a ese pasado, que recorre al trote las quebradas y los montes del ayer como buen “gaucho da fronteira”, y que, en los segundos de silencio entre palabra y palabra, imaginariamente arma un tabaco o ensilla el “chimarrão”, antes de pisar el estribo para retomar la marcha.
Ese Uruguay lejano en el tiempo, sin duda le resulta cercano en los afectos e inolvidable en la memoria, por eso nos dice casi con sorpresa, que “esta es una parte de mi vida que nunca conté”.

PRIMEROS ACORDES
El profesor Miranda fue el que me enseñó a leer música… anduve mucho junto con Pablo Almada, tocando años en la noche, también con Gregorio Duarte, con Benito Martínez, entre otros. En la década del 60 estuve en el Centro Obrero, eso fue en la época que Emir Pica tenía orquesta, la que paso a ser de Benito después”, señala Dilamar.
En el Centro estuvimos hasta el 69. Del 70 al 75 tocamos en el Club Unión y después, volvimos al Centro Obrero, hasta el 85. También fui trompetista en la orquesta de Cacho Araujo”, recuerda.
Su trayectoria como docente ha sido muy amplia, donde por 30 años fue el profesor de guitarra de la Escuela de Música de Melo. Su trabajo desde el aula también lo desarrolló por 11 años en el Club de Niños La Pedrera, y formó parte también del club Picapiedras por dos años.
TIEMPOS DE GLORIA
“…y bueno, acompañar gente acompañé a muchos, entre otros a Ariel Barolín, un cantante de tango impresionante. A Dolores y Leonidas, unos cantantes extraordinarios que traía en esa época Iturralde; tuve la oportunidad de irme con ellos a San Pablo, pero finalmente no quise hacerlo. También anduve tocando con Carlos Balbi, un pianista uruguayo con quien tocamos en el Argentino Hotel”.
“Fui el único guitarrista que acompañé a Amelia de la Vega en el teatro España y también en el Centro Obrero… anduve en Brasil con diferentes orquestas, con el chueco Vera y formé parte de la última orquesta de tango que hubo en Melo, se llamaba “los novecientos”. Eran todos veteranos, el único joven era yo”, cuenta con una sonrisa.

LOS MUCHACHOS
Recuerda en sus inicios como músico, a Menandro Silva, a Carlevaro a Ramiro Agriel a Álvaro Martínez, también a los hermanos Rollano, “Naná y el jorobado”. Todos ellos y otros tantos, fueron sus compañeros de ruta, de noches ensayo, de escenarios, bailes o carnaval.
“Toda mi vida la he pasado acompañando o enseñando a gente a tocar y de los cantantes de Melo, creo que todos han pasado por mi casa. Tengo mas de 20 discos producidos, la pandemia me frenó un poco, pero hemos hecho de todo”, reconoce.
En el final de nuestro diálogo, los carriles de la memoria nuevamente llevan a nuestro entrevistado al punto de partida, para subrayar que antes de ser músico fue peón rural, jockey, almacenero y que trabajó en las estancias de Gonzalo Errarte, en lo de Ocaris, que fue “azudero” en la Invernada. No lo dice con palabras, pero queda claro que sus diferentes vivencias forman parte de su identidad, no sólo musical.
“El año pasado fui a la escuela 47 en Rincón de la Urbana, cerca de donde mataron a Aquino y me encontré con algunos ex alumnos, eso siempre me da alegría, pues me gusta recordar”, nos dice a tono de despedida.
Sus últimas palabras fueron, “agradezco de corazón a Cerro Largo Portal por acordarse de este músico y por permitirme hablar de mi historia antes de la guitarra… pues nunca se la había dicho a nadie”, expresó con la humildad y el bajo perfil de siempre.

“Guitarra que sos el cabo del facón de mi palabra que sos la dulce muarra ensartadora de penas dame la hermosa condena de ser tu esclavo… guitarra”.
José Larralde