MUERTE Y FAENA DE CABALLOS ENCIENDE OTRA VEZ EL DEBATE

La muerte de dos caballos y su posterior faena en el predio del Jockey Club de Melo, tras la organización del raid “Constituyentes de 1830” por parte del Centauro Polo Club, encienden una vez más el debate en cuanto al polémico tema.
En momentos donde “llueven” a nivel nacional las denuncias de tratos inadecuados hacia los animales por falta de controles, malos tratos, exceso físico al que son sometidos, pero también de “pichicatas” en algunos casos, más la solicitud de varias organizaciones animalistas que exigen la suspensión definitiva de actividades hípicas, sumado a cuestionamientos incluso a nivel parlamentario, entre otros; claramente hacen notar, que las imágenes que trascienden mostrando en Melo a los animales tirados en el pasto, cuereados y al menos uno de ellos, descuartizado (casi que a los ojos de todos), parecen hacerle un flaco favor a quienes defienden la seriedad con la que se procede, respetando y cuidando al animal, con asesoramiento técnico y reafirmando la continuidad en el tiempo de este deporte tradicional.
“Cuando muere un caballo por lo general se lo entierra, pero aquí falló el protocolo”, nos indicó Wilson Da Rosa, representante de la organización del raid del Centauro.
Por su parte, el Pte. del Jockey Club de Melo, Álvaro Mattos, ante nuestra consulta en relación al cuerpo de los equinos en el predio que preside, nos indica que, “nosotros arrendamos las instalaciones, la responsabilidad es de la organización del evento”.
Otros representantes de instituciones que organizan actividades ecuestres de estas características en Cerro Largo, lamentaron la exposición del tema, reconociendo que, si bien estas cosas pasan en el mundo raid, se debe tener un mayor cuidado una vez algún animal muere.

EL PODER DE LA FOTO
Si bien lo que trasciende es la visibilidad de la temática mediante la filmación o el registro fotográfico, el problema de fondo es bastante mas profundo y esta relacionado a las muertes de estos nobles animales a lo largo y ancho de país en pruebas con mayores o menores controles.
Según Juan Echavarría, director de Animales sin Hogar (organización nacional), “aún terminando la competencia visiblemente en buenas condiciones”, algún caballo fallece después. Por ejemplo, “por causa de shock metabólico”.
“Algunos salen tambaleándose de la pista”, ha denunciado esta organización en otros eventos, cuestionando que hay animales que no estaban preparados para tanta exigencia. “A mí no me gustan estas carreras, pero admito que muchas veces el animal está preparado, corre la distancia correspondiente y termina bien. Pero esto es lo mismo que si le pedís a una persona que no está entrenada que corra 42 kilómetros; a la mitad le va a pasar algo”, dijo Echavarría.
Cabe acotar, que denuncias de este tipo se canalizan ante la Comisión de Tenencia Responsable y Bienestar Animal, la que eventualmente podría tomar ciertas acciones de corresponder.
Por su parte, el Dr. Elbio Pereyra, expresidente de la Asociación Uruguaya de Veterinarios, criticó en una carta dirigida a la Sociedad de Medicina Veterinaria del Uruguay la competición hípica realizada sin condiciones.
Ante actividades que han terminado con la muerte de caballos, el profesional a dicho que estas “no deben pasar desapercibidas y la profesión veterinaria debe hacer oír su opinión. Por esta razón solicitó al Consejo (en 2016) una coordinación con la Academia Nacional de Veterinaria, la Facultad de Veterinaria, la Sociedad Protectora de Animales y otras instituciones a efectos de emitir una opinión única de la profesión en contra de este tipo de competencias, que lleva al caballo al límite de su resistencia poniendo en riesgo su vida”, indica la misiva.
Pereyra explicó que el caballo evolucionó durante millones de años desde el primer animal del género equus, el eohipus, hasta adquirir la conformación estructural actual. Es una presa y su principal medio de defensa es la huida, por lo que ha desarrollado la carrera como principal forma de escapar de los predadores. “Pero su organismo está adaptado para mantener la carrera durante distancias relativamente cortas, de dos mil o tres mil metros. Puede galopar o trotar distancias mucho más largas”, agrega, explicando que sobre estos factores inciden la raza del animal, el entrenamiento y el piso sobre el que se desplaza.
De estos datos y los antecedentes recabados en competencias como la del caso, AUVE dice que es claro que la autoridad “no debería permitir ninguna competencia hípica entre 3.500 metros y 59 kilómetros, en condiciones donde no exista o no se haga cumplir la reglamentación que regula la prueba, dado que se pone en riesgo la vida y bienestar de los equinos”. Argumentando que “existe un vacío reglamentario” para las competencias intermedias. Pereyra solicitaba en ese momento al Consejo Directivo de la Sociedad que tome medidas para elaborar una reglamentación para este tipo de pruebas.