INDIGENAS SE INTALARON EN RAMÓN TRIGO PARA VENDER YUYOS

Una gran delegación indígena acampa desde hace unas dos semanas en la pequeña localidad de Ramón Trigo, ubicada a 45 km. de Melo por la ruta 26 hacia Tacuarembó. Una quincena de carpas cambió el paisaje en inmediaciones del tradicional almacén de la familia Menchaca, ubicado en cercanías del empalme de las rutas 26 y 44. Es que el despliegue es grande y la cantidad de integrantes de los comerciantes “yuyeros”, también.
Según pudimos saber este grupo de personas que ingresaron al país con la debida autorización y cumpliendo con todos los trámites correspondientes, no es la primera vez que recorren Uruguay ofreciendo exóticos yuyos de la selva de Mato Grosso, de donde aseguran provienen.
Las grandes carpas instaladas en la zona mencionada, sumado al “mal uso” de espacios públicos, no deja de ser un foco de conflicto para parte de la vecindad la que empieza a incomodarse.
“La garita del ómnibus es un excusado ya que la usan como baño”, señaló a nuestro medio un vecino de la zona, el que pide que los visitantes “sigan su camino”.
La infraestructura montada en el lugar no parece ser la más carente y los indígenas de hoy en día cuentan con buenos equipos de música, grandes televisores, cocinas, frigobar y se desplazan en grandes camionetas que llevan tráileres repletos de carga.
Parece bastante claro que toda presencia masiva en espacios que no cuentan con infraestructura para albergar por tantos días a decenas de personas, supone un problema de convivencia y un desvelo para las autoridades, ya los visitantes requieren energía eléctrica, agua corriente, y servicios sanitarios.
Si bien la “tribu” tiene su campamento fijo en Ramón Trigo, estos se desplazan por la región comercializando puerta por puerta sus productos y cuando termina el día o la venta flaquea, regresan a sus “tolderías” para descansar.
“Entre ellos hablan en su dialecto, pero cuando lo hacen con otros su tono portugués deformado les hace parecerse más a los gitanos”, indica un vecino, quien acota que, “hasta los niños creo que tienen dientes de oro, de lejos les brilla la boca”, señala con tono de risa.
Ampliaremos.