
Se vuelve difícil cuantificar el perjuicio material y es inmedible el daño psicológico sufrido por parte de aquellos que vieron como la creciente se llevó el resultado de años de esfuerzo y trabajo.
Electrodomésticos, colchones, juegos de living y una infinidad de artículos varios que no caben en las volquetas, son apenas el saldo visible de la pasada inundación. También hubo autos que se fundieron por transitar con el agua tapando las ruedas, entre otros daños.
Las postales del fin de semana son de ropa colgando, colchones al sol, puertas y ventanas abiertas para secar paredes que lloran y niños cargando arena, madres entrando material a carretilla para rellenar terrenos, abuelas lamentando lo perdido y hombres y mujeres apenados por no poder darle a sus hijos mejores condiciones de vida. La angustia principal quizás sea la de no poder asegurar que la penosa escena, se repita.
Ante la saturación hídrica en la tierra, arroyos y causes crecidos, sumado a pronósticos de lluvia para esta zona del país el inicio de la semana, la amenaza sigue latente ya que, de la noche a la mañana todo puede empeorar.

DAÑOS NO VISIBLES
Con las inundaciones las viviendas sufren afectaciones, en mayor o menor medida, debido a los altos niveles alcanzados por el agua, la saturación del suelo, las malas prácticas constructivas en los sistemas y los materiales utilizados. El problema está, en que su identificación requiere de evaluaciones técnicas precisas, porque las deficiencias que generan no son apreciables a simple vista.
En general, después de una inundación se tienden a subestimar los efectos sobre las viviendas, ocasionando un efecto acumulativo que lesiona estructuras e incrementa su vulnerabilidad.
Si bien los dispositivos locales bajo el paraguas del CECOED se activaron de manera inmediata y el relevamiento de daños en Cerro Largo continua, al igual que en una inundación, buena parte de lo que la corriente se llevó, ya no volverá.