El refugio atómico: lujo, encierro y drama bajo tierra
Netflix y un apocalipsis de alto presupuesto

Netflix estrenó El refugio atómico, la esperada serie de Álex Pina y Esther Martínez Lobato (creadores de La casa de papel), y lo hizo con la promesa de un thriller de lujo. La historia arranca con multimillonarios escondidos en un búnker subterráneo —el Kimera Underground Park— mientras el mundo allá arriba amenaza con desmoronarse bajo la sombra de una Tercera Guerra Mundial. La premisa atrapa de entrada: poder, secretos y encierro forzado, todo en un mismo cóctel.
Entre los puntos fuertes destacan la ambientación y el diseño del refugio, que transmiten con acierto la dualidad entre glamour y claustrofobia. Los giros argumentales iniciales también funcionan, generando dudas constantes sobre quién dice la verdad y quién esconde algo. El reparto coral ofrece momentos sólidos, con actuaciones que sostienen la trama en sus mejores pasajes.
Del otro lado, el guion tiende a recargarse: demasiadas subtramas y conflictos acumulados, que en ocasiones rozan el melodrama. El resultado es un vaivén entre thriller psicológico y novela de lujo, con transiciones que no siempre logran la naturalidad necesaria. Esa irregularidad puede dejar al espectador dividido entre la fascinación y cierta fatiga narrativa.
El refugio atómico cumple como entretenimiento adictivo: visualmente poderosa, llena de intriga y con suficiente gancho para maratonear. No es una obra de relojería narrativa, pero sí un producto atractivo para engancharse un fin de semana. Ideal para un finde de lluvia, con snacks a mano y ganas de espiar cómo los ricos también lloran… aunque sea en un búnker de cinco estrellas.