Por el piso: la historia del Puente de los 44 que se borra con el tiempo
Construido entre 1947 y 1951 con el aporte económico de 44 vecinos, el Puente de los 44 fue durante décadas un emblema del esfuerzo colectivo y la solidaridad rural en Cerro Largo. Hoy, su estructura y el monolito que recuerda a sus constructores sufren el deterioro y la indiferencia institucional.

El Puente de los 44 habla de otra época, de otra cultura y de un espíritu colaborativo y solidario que marcó a generaciones. Fue levantado a partir de una colecta vecinal que permitió, hace más de siete décadas, conectar zonas rurales que quedaban aisladas con cada creciente del río Tacuarí.
Sin embargo, ese emblema comunitario ha venido siendo menospreciado como obra arquitectónica y patrimonial. Vecinos de la zona aseguran que desde hace años su deterioro avanza sin respuesta. Una de las barandas de piedra fue arrasada por una máquina arrocera y, más recientemente, un camión impactó contra el monolito que recuerda a los 44 aportantes.
“Algunas placas cayeron al piso y allí quedaron”, relataron habitantes del lugar, quienes confirmaron que, a un mes del hecho, nada cambió. “Lo que debería ser un monumento al esfuerzo colectivo, hoy está por el piso”, lamentaron.
Una historia de solidaridad
El puente, ubicado —en la décima sección de Cerro Largo— fue construido entre 1947 y 1951 con el aporte económico de 44 vecinos y la colaboración del gobierno departamental de la época, encabezado por Saviniano “Nano” Pérez.
En su momento, la obra costó 15.000 pesos, una suma importante para la época, reunida mediante una colecta popular.
El puente mide más de 30 metros de largo, cinco metros de ancho y cuenta con 12 pilares de piedra y 11 bóvedas de medio punto ejecutadas con ladrillos de campo. El piso está formado por adoquines tallados a mano y aún conserva gran parte de su estructura original, pese al abandono y la falta de mantenimiento.


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Memoria familiar
En 2009 y bajo la redacción del colega Néstor Araujo El País publicaba, que: entre los nombres tallados en la piedra figuran el de Manuel Ferreira y Leandro Morales, abuelo y padre de Nair Ferreira de Lavandera, de 64 años, quien recuerda la historia familiar detrás del puente.
“Mi padre aportó diez pesos, que era mucho dinero para él. Lo hizo con sacrificio, pero no había otra opción: cuando llovía quedábamos aislados. El puente fue una cuestión de vida o muerte para muchas familias”, relató.
Ferreira recordó que su familia tuvo que evacuar a su hermana enferma en un avión ambulancia del aeroclub de Melo porque el Paso del Sauce estaba crecido. “Después de eso, decidieron construir el puente como fuera. Cada vecino puso lo que podía, y todos trabajaron juntos.”
Otro testimonio, el de Ramón de Souza, nieto de uno de los aportantes, recuerda cómo trasladaron las piedras en carretas desde los campos cercanos. “Era todo a fuerza de voluntad. Sin ese puente, no podíamos salir a buscar un médico o llevar la producción”, contó.
Un símbolo que resiste
A pesar de los años, la obra conserva su imponencia. “Lo más impactante es su excelente estado de conservación estructural, pese a no haber recibido mantenimiento y a haber soportado decenas de crecidas del Tacuarí”, explicaba el Arq. Pablo Guarino.
Pero lo que no ha resistido igual es la memoria colectiva que debería protegerlo.
El monolito que recuerda a los 44 aportantes —una verdadera cápsula de la historia rural de Cerro Largo— está hoy dañado, con placas caídas y sin señalización ni cuidado.
Vecinos reclaman que el puente sea incluido dentro de las acciones de restauración patrimonial que impulsa la Comisión Departamental de Patrimonio.
“Es parte de nuestra identidad y de la historia del trabajo solidario en el campo. No puede quedar así”, expresaba Ferreira hace mas de 15 años atrás.