
Dicen que en Uruguay el año arranca cuando llega el último ciclista. Y esta vez, habrá que impugnar.
Porque se dio lo que nadie quería: el último en llegar… llegó. Sin excusas, sin demoras y, lo más grave, sin pinchaduras salvadoras que estiraran el modo verano. Cruzó la meta y activó, sin anestesia, la vuelta a la realidad.
El encargado fue Pablo Correa, del Club Ciclista Matadero de Pando, que cumplió con su tarea a la perfección… demasiado. Llegó cuando tenía que llegar y con eso liquidó el “después de Turismo vemos”.
Se terminó la tregua. El país pasó de la siesta a la rutina en un pedaleo. Nadie lo va a decir en voz alta, pero el pensamiento fue uno solo: bien que podía haber pinchado.
No es personal, es cultural. Porque acá, el último de la Vuelta no solo cierra una carrera… pone en marcha todo el año.
Felicitaciones a Correa y a todos los pedalistas de la 81ª Vuelta Ciclista del Uruguay. Aunque esta vez, el cierre haya sido, para muchos, un golpe bajo.