
Las cábalas y las tradiciones vigentes parecerían no ser suficientes en este versátil Uruguay, y a la clásica alternativa de usar ropa de color según lo que se anhele para el año venidero, se le suman nuevas tendencias, como ser, tirar agua por las ventanas a los transeúntes y lanzar papeles al aire.
En esta ocasión y en las últimas horas laborales del año, una vez más el cielo de la ciudad vieja de la capital montevideana se vestía de blanco, cuando al cerrar el turno los trabajadores de las oficinas del barrio lanzaban por las ventanas los almanaques rotos… y mucha agua.
A esa costumbre se la acompaña con gritos de festejo y de deseos de “feliz año nuevo”, en compañía de algún refrigerio que busque hidratar y mitigar las altas temperaturas.
En el interior quizás, el comportamiento no sea tan efusivo, pero por si acaso no estaría mal tomar las debidas precauciones. Pues los valientes que caminen por ciudad, sea en Montevideo, Melo, Trinidad o Tarariras, deberían contar con la precaución de llevar paraguas, aunque las temperaturas sean altas y brille el sol.
Esta tradición que viene ganando terreno en los últimos años, está asociada a quitar lo viejo para recibir lo nuevo, así los almanaques se van simbólicamente festejando que sobrellevamos el año y estamos listos para lo que vendrá.
Y el agua como símbolo purificador de limpieza, pretende bendecir los lugares en un afán de eliminar las malas energías que hayan quedado escondidas o atrapadas en los rincones.
“Chau 2022” se escucha por ahí, acompañado con risas de fondo que van generando un clima festivo cuando aún restan algunas horas para dar vuelta la página, y así recibir a un 2023 cargado de proyectos, anhelos e imposibles, los que habrá que desafiar sin importar si llueve o brilla el sol.
