Locales

OTRA VEZ PECES FLOTANDO, BOQUEANDO O MUERTOS EN EL CONVENTOS

Ausencia de estrategias de gestión y falta de controles y sanciones.

La falta de oxígeno y la reducción del espacio de agua enfilan como las principales causas más allá de la posible contaminación. Desde la Ministerio de Ambiente se han tomado muestras con el fin de determinar qué grado de contaminación tiene el arroyo Conventos, según lo dicho públicamente hace un mes atrás por el referente regional de este organismo, Dr. Jhon Kenedy Rodríguez.

Decenas de peces flotando, boqueando o muertos, aparecieron hoy en el arroyo. La triste imagen se repite, pues en otras temporadas ha pasado lo mismo y la respuesta no cambia: “realizaremos estudios para determinar la razón”, nos dicen los jerarcas de turno, los que después no informan sobre esos resultados.

Foto: Victorio Rodríguez

El Conventos, en este caso, viene siendo eje de discusión desde hace muchos años por la cantidad de basura y contaminación que se detecta en el agua, sobre todo después de cada creciente. Pese a la realidad que rompe los ojos una solución definitiva parece lejana.

Independientemente del hecho puntual de hoy evidenciado en este artículo, hay una clara necesidad de un cambio de paradigma en la gestión y concepción de este tipo de cursos de agua, cuyas cuencas también son reservorios de biodiversidad y en sí mismos conectores biológicos. Todo esto amerita una autocrítica profunda por la falta de respuesta a denuncias específicas sostenidas en el tiempo.

Es cuestionable que aún no se haya superado la concepción de vertederos de residuos industriales o domiciliarios en el propio arroyo. A esto se le suma, la denuncia de un “caño maestro” roto a la altura de la represa, perteneciente a la OSE, el que también contaminaría, según los vecinos.

Más allá de la respuesta fácil de “la sequía y la falta de oxígeno” como posibles argumentos ante la mortandad de los peces de hoy y de los de ayer, la acción del hombre en ese sentido sin duda tiene mucho que ver, fundamentalmente por ausencia de estrategias de gestión y por falta de controles y sanciones.

Foto: Victorio Rodríguez

La cuenca del Conventos fue lugar de concentraciones de indígenas en el pasado y ha sido clave en el desarrollo de la ciudad de Melo desde sus inicios, pero el correr del tiempo determina un impacto no fácil de revertir, acrecentado por las urbanizaciones conocidas, sumado al aumento de población en la decena de barrios que toca el arroyo al pasar por Melo, como ser; el barrio Castro, el García, San Antonio, Soñora, Hipódromo, Av. De las Américas, Villa Andueza, Hipódromo, Cuchilla de las Flores, Fogón, bario Sur y algún otro.

Eso se combina con un factor natural, el déficit hídrico que el fenómeno de La Niña alarga desde hace años. La escasa profundidad en algunos espejos de agua con temperaturas extremas que combinados reducen el nivel de oxígeno en el agua, podría ser la explicación, pero nunca en el tramo del Carretero a la represa, donde el arroyo es profundo.

Aun así, temporada tras temporada seguimos hablando de lo mismo, sin que nadie seriamente tome cartas en el asunto.

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