CONTINÚA EL EXTERMINIO LANAR EN CERCANÍAS DE LA PEDRERA

Las jaurías siguen generando perjuicio en la población lanar y pequeños productores rurales ubicados en el entorno de La Pedrera (ubicada a 8 km de Melo por la ruta 26 hacia Rio Branco), siguen contando las ovejas muertas sin que nadie les de respuesta a viejos reclamos. Esta vez, fue una decena de lanares los que amanecieron muertos en un predio de la zona y se contó a unas 17 ovejas mordidas, lastimadas. Cabe acotar, que varias de esas están preñadas.
Hace poco tiempo atrás, Cerro Largo Portal relataba la desazón de un vecino de la zona, quién dijo “basta” a la cría de ovejas. Es que los días pasan, las soluciones no llegan y los perros del vertedero se siguen llevando la producción.
MATANZA DE PERROS
De los perros muchas veces no queda ni rastro, pero cuando los trabajadores logran ubicarlos le “tocan plomo”. Aseguran haber matado a varios, pero “siempre vienen otros”, según dicen. “Ahora hay como 9 que aparecen y desaparecen y no es fácil agarrarlos, ya que nos olfatean o disparan de lejos”, señalan en uno de los tantos audios que intercambian los vecinos en un grupo de wasaps denominado “unidos por las ovejas”.
“SON UNA PLAGA”
Así definía en 2022 a los perros que asesinan ovejas en cercanías de Melo uno de los productores afectados por una de las tantas matanzas que día a día se dan. A esto se le suma que estamos en periodo en el que las ovejas están pariendo, pero como la mayoría aún no lo ha hecho, una oveja vale por dos.
Cuando una jauría arrasa con la majada que tanto tiempo llevó consolidar, sin duda el productor siente que está perdiendo años de vida. La oveja nace, hay que cuidarla de los caranchos, de los zorros, de los jabalíes, hasta de los tatú peludos, entre otros posibles depredadores. Hay que darles toma, desojarlas, cuidarla de los piojos, de la sarna, de los arroyos crecidos y de tantos riesgos que día a día están en el campo. Obviamente que un productor pequeño debe considerar también el clima y el pasto que tiene, contemplando la necesidad de alimentación del caballo, la vaca y algún ternero, si lo hay.
Una vez al año dan cría y quien las produce siente que al menos llega un pequeño premio ante tanto esfuerzo, ya que la producción ovina no da las ganancias de otros años y la lana no vale nada. Hasta pagarle a un esquilador es cambiar plata.
Cuando una oveja nace y muere la madre, o simplemente esta no quiere a la cría (pasa habitualmente con uno, cuando el parto es de mellizos), el productor familiar cría a ese cordero guacho, sabiendo que deberá atenderlo celosamente. Habrá que darle calor, leche cada 2 o 3 horas y en pequeñas dosis, sabiendo que ante el mínimo descuido podrá deshidratarse o darle diarrea, que dormirá debajo del fogón o al lado de la estufa, algunos le ponen bolsas de agua caliente, que puede morir y que si zafa, cuando crezca no se adaptará a la majada.
Claramente, más que un cordero se está criando a un nuevo integrante del hogar, al que se le pone nombre para llamarlo cada vez que va y viene siguiendo a los niños o los grandes de la casa.
Todos esos cuidados son necesarios, toda esa cultura aprendida o heredada está al servicio de ese animal, todo ese sacrificio y esfuerzo es inversión de tiempo, de plata, de vida y en muchos casos de gran afecto; pero todo eso, se va al tacho cuando en una sola noche una jauría llega, muerde y mata.
Así, le aconteció a los Nuñez, a los Rodríguez, a los Silva, a los Cardozo, a los Milàn, y a otros tantos y tantos productores que se replican a lo largo y ancho del departamento o el país.
Cuando eso pasa, el productor esta tan sólo como la oveja muerta, pero lejos de estar frío le hierve la sangre y llega a llorar de indignación ante la frustración de no poder hacer nada.
El problema mayor se ha dado en cercanías de algunos centros poblados, donde el riesgo es más grande. En el caso de los alrededores de Melo, los antecedentes más recientes apuntan a la zona del vertedero de la Pedrera como foco del problema. Uno de los productores relató que en su campo avistó a 12 perros mordiendo a sus ovejas. A otro le agarraron a una chancha.
Los perros abandonados, tirados, descuidados por nosotros la sociedad, han matado en la misma zona a terneros, cabras y los ejemplos y la cantidad se multiplican. A miguel Nuñez por ejemplo, le mataron 40 lanares, de un saque.
Algunos productores familiares ya ni siquiera realizan la denuncia policial, otros tiraron la toalla y de la cría de ovejas no quieren saber más nada, y un productor que se va no regresa, ni él ni su familia.
Otros andan con un rifle 22 al hombro día y noche, poniendo despertador en la madrugada para cuidar a las majadas que se van o las llevan, ya que “los perritos son ajenos, las penas son de nosotros”.
En el reparto de culpas claramente el perro no es el responsable de fondo, de última él también es víctima de esta inconciencia social y de este mundo animal dominado por humanos, con ausencia del Estado para dar soluciones reales a productores familiares a los que los dejaron solos desde hace años, matando nada más y nada menos que la cultura del trabajo de campo, la que en muchos casos ya no se podrá transmitir de generación en generación, porque algunos de esos llamados “imprescindibles” en el fomento de nuestras raíces tradicionales y rurales, con razón… ya se fueron.