
Defendiendo a Liverpool, Pablo Siles y Matías Silva son campeones del fútbol uruguayo de primera división. Los jóvenes melenses forman parte del plantel de negriazul que este fin de semana se consagró por primera vez en su historia como el mejor del torneo uruguayo.
Liverpool fue justo campeón: se plantó en el CDS y expuso la peor cara de un Peñarol que cerró un pésimo año
El negriazul obtuvo su primer Campeonato Uruguayo al imponerse por un global de 3-0 en las finales. Salvo el Apertura, en este 2023 ganó todos los títulos a nivel local.

El fútbol es el deporte menos lógico de todos, pero en esta definición del Campeonato Uruguayo se dio el resultado más previsible. Liverpool ganó ayer en el Campeón del Siglo ante Peñarol por 1-0 (global 3-0) y se consagró campeón uruguayo. Hay que decirlo: fue lo más justo.
El negriazul fue el mejor equipo de la temporada, de principio a fin. Ganó la Supercopa ante Nacional a comienzos de año, se quedó con el Torneo Intermedio contra Defensor, se impuso en el Torneo Clausura con 10 puntos de ventaja sobre Peñarol y se llevó la Tabla Anual con cinco unidades más que el aurinegro. Si la llave estaba abierta ayer después del 2-0 de la ida en Belvedere era solo porque enfrente estaba un cuadro grande y con un estadio repleto a favor.
Pero poco le importó al equipo de Jorge Bava. Se plantó en el CDS y no le pesó jugar frente a 40.000 personas. Todo lo contrario, usó eso a su favor porque el nerviosismo de la parcialidad aurinegra en las tribunas terminó reflejándose en sus futbolistas.

Liverpool jugó como todo el año y en todas las canchas. Y se aprovechó de un Peñarol de emergencia, que intentó rescatar Diego Aguirre en el final de la temporada, y le dio el golpe de knock out. La final de ayer duró solamente 25 minutos.
Luciano Rodríguez se llevó la pelota en el área con una genialidad, se la sirvió a Ruben Bentancourt y el goleador no perdonó. La acomodó de derecha y le pegó de izquierda para poner la pelota al segundo palo. Ahí se liquidó la serie.
Con eso alcanzó para fulminar a un Peñarol que en el segundo semestre se fue cayendo poco a poco a pedazos. Ayer tenía la (última) oportunidad de disimular una temporada para el olvido. Necesitaba hacer por lo menos dos goles para llevar la definición al alargue y sin embargo no pateó al arco. No generó una sola situación clara de gol. Apenas dos aproximaciones en el primer tiempo que ni siquiera llegaron a exigir a Sebastián Britos: un remate (o centro) de Camilo Mayada y un tiro desviado de Santiago Homenchenko.
Después nada más. El equipo fue un saco de nervios y se dedicó más a pelear, empujar y buscar el roce con un contrario que a jugar.

- Fuente principal de la noticia: El País