Descendientes de los cuarenta y cuatro vecinos que contribuyeron económicamente en el año 1947 para la construcción del puente de piedra del “Paso del Sauce”, en la décima sección de Cerro Largo, lamentan que se quitara una de las barandas del histórico puente para favorecer el pasaje de maquinaria vial.
“Es lamentable que rompieran una de las barandas para pasar máquinas de arroceras, queda claro que no se valora la historia”, dijo a Cerro Largo Portal un familiar directo de uno de los antiguos colaboradores de dicha construcción.
Consultado el director de Caminería Rural de la Intendencia Dptal., Eduardo Lucas, señaló a nuestro medio no tener conocimiento de dicha intervención, señalando que ante su área nadie gestionó tal retiro. Sí reconoce el jerarca tener conocimiento (mediante el relato de productores) que las dimensiones de las barandas de algunos puentes son un problema para el pasaje de ciertas máquinas.
El “puente de los 44” es mucho más que una obra arquitectónica del pasado la que nos debería ayudar a comprender el presente, es el eco de voces lejanas que reflejan un espíritu solidario y comunitario transformada en acción para dar solución a un problema colectivo de la década del 40.

“Un puente de 11 bóvedas, construido con adoquines y ladrillos de campo a partir de 1947, costó, en su época, $ 15.000, dinero que fue aportado por 44 vecinos”, señala una publicación realizada hace casi 15 años atrás por El País.
En la placa tallada en piedra que está instalada en una de las cabeceras del mismo figura el nombre de los vecinos y su respectivo aporte económico, además de indicar que el mismo fue construido entre 1947 y 1951.

“Esta obra es muy poco conocida, ya que ese camino -que antiguamente era muy transitado- fue dejado de lado por otro nuevo, que une varias localidades y zonas rurales alejadas en el departamento.
El arquitecto Pablo Guarino, en calidad de integrante de la Comisión Departamental de Patrimonio de la época, describía a esta obra arquitectónica como “histórica y perdida en el mapa y del acervo cultural del país”.
“Mide más de 30 metros de largo, cinco metros de ancho y tiene 12 pilares de piedra con barandas del mismo material. Lo más impactante es poder ver su excelente estado de conservación a pesar de los años de sus 11 bóvedas de medio punto, ejecutadas con ladrillos de campo”, decía Guarino en 2009.
El piso del puente es de adoquines cortados en campaña a base de punzones. Desde el nivel del suelo hasta la base del puente hay una distancia de unos 6 metros. “Eran comunes en la época, lo difícil es que se conserve en este estado pese a no haber tenido ningún mantenimiento”, indicaba Guarino, destacando la fortaleza de esta obra que soportó “decenas de cientos de crecidas, debido a lo bajo de la zona donde está enclavado y de lo rápido con que crece el río (Tacuarí) luego de copiosas precipitaciones”.
Casi 80 años después de la construcción del emblemático puente, que le cambió la vida a cientos de familias de la zona, familiares y vecinos piden que no dejen caer esta obra.
En aquellos años y de acuerdo al relato de lugareños, por el puente transitaban vecinos de Rincón de la Urbana, Paso Simona, Bañado de Medina, Infiernillo, Guazunambí, Rincón de Duarte, Paso de los Carros, Rincón de Py, Bañado de Morales, entre otros. Hoy en día, las ramas y hasta raíces de los árboles del monte indígena ganan terreno entre las grietas que evidencian el pasaje tiempo y el poco cuidado de este puente que fue inaugurado por el Intendente de la época, Nano Pérez, y financiado con gran esfuerzo por los propios vecinos.
ANÉCDOTA DE HUESOS Y ASADOS
“Un obrero del puente, construido hace 77 años, denunció en aquel entonces que había encontrado un cuerpo mutilado en la zona de la construcción. Policías de la Seccional 10ª concurrieron a caballo y comenzaron la investigación, citando a casi todos los 44 vecinos para que declararan sobre el esqueleto. Finalmente, Manuel Ferreira confesó que los huesos eran de un carpincho que había cazado semanas atrás en la zona, y se había llevado la carne para alimentar a su familia”, recuerda El País.