INOCENCIA PURA: perdieron todos los partidos, festejaron como nadie y los recibieron en caravana ¿Por qué?
Deportistas de buena madera

Niños de la localidad de Arévalo, ubicada en la novena sección del mapa de Cerro Largo participaron recientemente de un campeonato regional de fútbol, disputado en Santa Clara del Olimar, departamento de Treinta y Tres. No ganaron ningún partido, celebraron todo, consolaron a los finalistas que no levantaron la copa y fueron recibidos como ídolos en el pequeño y distanciando pueblito rodeado de árboles, donde hay tan solo 572 habitantes, según el censo.
El motivo de está inusual rareza en un deporte exageradamente competitivo, tiene una explicación muy simple: “Ellos sólo querían jugar”, según lo dijo a Cerro Largo Portal el entrenador de la Escuelita Celeste, Massimiliano Guiggiolini.
Conteniendo la emoción y silenciosamente orgulloso de sus dirigidos, el DT señaló que, por primera vez jugaron en un torneo regional y que nunca se habían puesto una camiseta de fútbol. “Cuando uno de los gurises me dijo eso, yo me sentí muy mal e inmediatamente me puse a pensar con quien conseguirlas. Fue así que llamé a “paco” Bautista que es de Santa Clara y nos prestó 12 camisetas. No te puedo explicar la emoción en sus ojos cuando las vieron”, dijo Giuggolini, quien debió hacer una pausa para tragar saliva, contener la respiración y evitar que se le cayera alguna lagrima.
Del relato del entrenador que hacía casi 350 km. en el día, viajando en su auto particular para entrenar a niños entre 6 y 11 años, yendo dos veces a la semana desde su casa en Ñangapiré hasta Arévalo, se desprende que el objetivo que se buscaba, nada tenía que ver con ganar o perder en la cancha. “A ellos no les importaba el resultado, lo que querían es que los vieran jugar con sus camisetas. Andaban chochos, no peleaban, no protestaban nada, estaban felices”, indicó “el Massi”, como le dicen en Arévalo.
Al referirse al desarrollo del torneo regional donde “los campeones de la humildad y del disfrute” no lograron sumar puntos, el entrenador contó el proceso de entrenamientos, la expectativa generada, el debut y finalmente, la alegría inmensa tras el primer gol conquistado:
AGRADECIMIENTO INVALUABLE E INOLVIDABLE
Tras el primer grito emocionado, “después llegó el segundo y fue por otro golazo, donde (el jugador) le pegó de la mitad de cancha y la metió en el ángulo. Sabés que festejaba como asombrado y me vino abrazar y me decía, “vio profe lo que practicamos”. Eso es de una inocencia pura”, reconoce Giuggiolini, quien no se olvida más del gol, tampoco del abrazo, ni de la entrega de premios dónde festejaban como si hubiesen ganado:
NIÑOS QUE ESQUILAN, HACEN LA QUINTA Y VACUNAN GANADO
“Déjame contarte también que a muchos de esos niños les gusta ayudar a sus padres en las tareas de campo. Algunos ayudan a esquilar, vacunar ganado, hacer la quinta, eso es lo que tiene el ámbito rural y es sumamente importante”, valora el DT, más allá del perímetro de juego.
“Hicimos también remontada de cometas para fomentar la integración de padres y niños. No sabés lo que fue eso… en un momento los padres eran niños y los hijos ahí, mirando como ellos remontaban la cometa”, destaca el entrenador, en cuando a instancias que define como “muy nutritivas dentro del núcleo familiar”.

CARAVANA Y TODO
Para cerrar una jornada inolvidable en la vida de esos niños y seguramente de muchos adultos, al llegar a Arévalo, las bocinas del ómnibus y el griterío de los niños al frente de una caravana improvisada, fue el anuncio de que “ganamos, ya ganamos con todo eso”, dijo el DT.
FESTEJO A RIENDA SUELTA
Por último, el entrenador de futuros hombres y mujeres de bien, destaca que dos niñas formaron parte del plantel, que jugaron en Santa Clara y lo hicieron de muy buena manera.
Según cuenta “el Massi”, sus dirigidos también consolaron a otros niños que no habían conseguido los resultados, “iban, los abrazaban y los contenían. Y cuando le entregaron a uno de ellos el trofeo”, aquí el entrevistado se ríe con admiración y emoción, cuenta qué, “salió corriendo solo, como si fuera un caballo con el premio en la mano y todos, todos, salieron atrás de él y el resto de la gente los miraba asombrados, porque no habían ganado nada y festejaban felices, mientras otros niños enojados, lloraban”.
- Rescatar de la línea del tiempo estas pequeñas historias muchas veces perdidas en el ruido cotidiano, son parte del compromiso social de Cerro Largo Portal.