DOMINGUEZ, EL ENIGMA DEL GOL: Solo un Loco fue capaz de darse cuenta

Bielsa eligió a un goleador amateur para la Selección uruguaya, como si el Loco quisiera demostrar que en tiempos de fútbol híper profesional, todavía hace falta embarrarse hasta las rodillas para encontrar la esencia madre del fútbol en el potrero. Walter Domínguez fue citado para la doble fecha de amistosos que tendrá la Celeste ante Costa Rica, el 31 de mayo, y con México, el 5 de junio.
Se trata de un goleador sin precio. No porque sea costoso, sino porque literalmente no tiene precio de mercado. No cobra un sueldo profesional en el club donde deslumbra: la Institución Atlética Juventud Soriano, de la Liga de Mercedes del Interior de Uruguay. Sin embargo, una cosa es el curriculum y otra cosa verlo jugar: metió 38 goles en 19 partidos y si se le suma los del torneo del interior, llega a los 57 goles en 39 encuentros. Domínguez es un gurí tímido y a sus 24 años recibe la noticia de la citación con asombro.
Desde que se supo la noticia, en su Instagram llegan mensajes de todo el mundo. Entre ellos los de este cronista (Adrián Michelena). “¿Te animás a escribirme por email?”, contesta, gentilmente. A todos les dice lo mismo. Su bandeja de entrada se inunda de mensajes de asombros, acompañados de preguntas que no tienen respuesta. Nadie parece conocer a Domínguez. Es como un enigma del gol. Tal vez su récord esté prolijamente ficcionado. Pero no, es real y de carne y hueso. Domínguez es un goleador mundano, no usa gel ni perfumes importados. Y va a entrenar caminando esas 4 cuadras que separan su casa de la del club.
Aparentemente, Bielsa lo descubrió en una prueba que estaba haciendo en Fénix de Montevideo. Y ahí le echó el ojo. “Walter hace goles porque es lo único que sabe hacer”, dicen un poco en verdad y un poco en broma. Cuentan en el barrio que su papá murió cuando él estaba en el vientre de su madre. Y su madre falleció a sus 17 años. A la escuela donde iba le costaba agarrar el cuaderno. Pero cada vez que se ponía de “9” en los campitos hacía muy bien los deberes. La pelota siempre le picaba a favor, como queriéndole hacer ver que ahí, en el área, estaba su destino.
Solo un Loco fue capaz de darse cuenta.
Adrián Michelena ✍️