El peligroso Primer Comando Capital (PCC) tiene 116 miembros en Uruguay, según reporte publicado en O Globo

Es el grupo criminal más importante de la historia brasileña. Con más de 42.000 integrantes, sus tentáculos captaron cómplices en todos los países sudamericanos. Uruguay no escapó a esta realidad: un informe del Ministerio Público de San Pablo identificó a 116 miembros uruguayos.
Más de mil millones de dólares de facturación por los delitos que cometen. De ese total, el 80% corresponde al tráfico de drogas. Hegemonía absoluta en las cárceles de San Pablo y, de allí, la construcción de un poder criminal que alcanzó a 24 países.
Hay vínculos con poderosas organizaciones criminales del mundo como la ‘Ndranghetta calabresa o el Clan Saric serbio, clientes habituales de un grupo que controla el puerto de Santos.
Pero eso fue en la década del 1990. Según un reporte del Grupo de Acción Especial para la Represión del Crimen Organizado (el Gaeco de San Pablo), que orbita en el Ministerio Público del Estado paulista, actualmente hay 42.000 miembros del PCC de los cuales 1.600 son contactos en el exterior de Brasil.
La lista indica que hay 617 integrantes del PCC venezolanos, 528 paraguayos. Y 116 que viven en Uruguay. Son más que los 70 bolivianos o los 28 argentinos señalados por el informe.
El origen del Primer Comando Capital PCC
Octubre de 1992. La prisión de Carandiru, en San Pablo, es un baño de sangre. El pabellón 9 pidió mejoras en las condiciones de reclusión. Se convirtió en revuelta. La respuesta fue a puro plomo: los medios hablaron de “la masacre de 112 presidiarios”. Pero es posible que la cantidad de muertes sea mayor, aún no se conoce la cifra exacta. El coronel Ubiratan Guimarães fue condenado a 632 años de prisión por el operativo de la Policía Militar brasileña.
Finalmente, ocho presos fueron trasladados a la prisión de Taubabé y encontraron en la organización de sus intereses una forma de defensa. Primero sistematizaron las defensas judiciales y luego los traslados de familiares a las diversas cárceles. Se conectaron con los cabecillas del potente Comando Vermelho. Una investigación periodística de Fátima Souza los identificó en 1997, pero el estado de San Pablo negó sistemáticamente la existencia del grupo.
Por tanto, creció a la sombra. Una oscuridad que tapó a los estamentos estatales que las negaban cuando en 1999 se registró el mayor robo bancario hasta ese momento: el robo de 32 millones de dólares.
Hacia el año 2000 fue imposible negar la existencia del PCC. La respuesta de las autoridades fue separar a los líderes encarcelados y separarlos hacia distintas cárceles pero ya no del estado de San Pablo sino de todo Brasil. La respuesta fue el mayor motín simultáneo de prisiones hasta ese momento, con la toma de 29 cárceles y otros tantos intentos. La acción se repitió en 2006, cuando tomaron 70 cárceles, con 150 muertos como saldo de la represión.
El grupo amplió su cobertura con el liderazgo de Marco Willians Herbas Camacho, conocido popularmente como Marcola. En 2006 firma una tregua con el Comando Vermelho. A partir de 2010, los intereses del PCC ocuparon distintas fronteras. Todo esto debido a que la banda contó con tal potencia como para negociar treguas con la policía paulista. Incluso el secretario de Seguridad Pública de San Pablo, Antonio Ferreira Pinto, debió renunciar a su cargo en 2012 debido a los enfrentamientos que, supuestamente, habían roto la tregua con los criminales. Esto fue durante el período que gobernó Geraldo Alckmin, posterior candidato a la presidencia de Brasil.
Finalmente, en 2017 comenzó en modo expansivo. Es en ese año que se conocieron los primeros informe sobre actividades en Uruguay. Por entonces, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, se refirió varias veces a este hecho. Los primeros informes son de ese año, pero en 2019 fueron apresados cuatro presuntos miembros de esa banda, a partir de datos surgidos por la cooperación regional. En 2021, el exministro Eduardo Bonomi, ya en el Senado, advirtió por la falta de fondos para revertir la situación en cárceles y recordó que este comando comenzó debido a las malas condiciones de las prisiones.
En qué está el Primer Comando Capital en la actualidad
Mientras ocupan posiciones en la economía formal, con el lavado de activos en empresas de transporte público estadual, la compra venta de oro, contactos a nivel político y judicial, además del narcotráfico, la disputa del liderazgo del grupo tiene en máxima alerta a las autoridades brasileñas.
Primero, están en guerra con el Comando Vermelho carioca. Pero, además, los principales líderes del PCC están presos en la cárcel de máxima seguridad de Brasilia porque la disputa interna puede terminar con el asesinato de Marcola, y también de sus lugartenientes, Roberto Soriano, “Tiriça”; Abel Pacheco de Andrade, “Vida Loka”, y Wanderson Nilton de Paula Lima, “Andinho”.
En un reciente informe de la televisión brasileña, los presidiarios son trasladados con fuertes medidas de seguridad. Los agentes, armados a guerra, tienen una misión: evitar que maten a los líderes narco más importantes de la historia de América Latina.
Información del PCC en CrimeInSight
- M24