Internacionales

Ramaphosa investido para un segundo mandato en Sudáfrica, ahora con gobierno de coalición

Cyril Ramaphosa fue investido este miércoles para un segundo y último
mandato de cinco años como presidente de Sudáfrica en una solemne ceremonia que
abre una “nueva era” en el país, tras la pérdida de la mayoría absoluta por
parte del Congreso Nacional Africano (CNA) en las elecciones del 29 de mayo.

“Yo, Matamela Cyril Ramaphosa, juro que seré fiel a la República de
Sudáfrica y obedeceré, observaré y mantendré la Constitución y todas las otras
leyes de la República”, declaró el mandatario al jurar el cargo ante el jefe
del Poder Judicial, el magistrado Raymond Zondo.

El acto celebrado en los Union Buildings, sede del Gobierno sudafricano en
Pretoria, inaugura una nueva fase en la historia del país, la economía más
industrializada de África, que tendrá al frente un Gobierno de unidad nacional
sin precedentes, integrado por diferentes partidos.

“La formación de un Gobierno de unidad nacional es un momento de profunda
importancia. Es el comienzo de una nueva era”, dijo Ramaphosa durante su
discurso de investidura, después de que las Fuerzas de Defensa Nacionales de
Sudáfrica (SANDF) realizaran un saludo de 21 salvas de cañón, acompañado de un
vuelo del Ejército del Aire.

Esa fórmula la usó antes el primer presidente negro del país, Nelson
Mandela, al llegar al poder en 1994, cuando el CNA gozaba de mayoría absoluta y
partía de una posición de fuerza, a diferencia de la debilidad actual, que le
impide formar Gobierno en solitario.

Aunque falta dar forma a los detalles de la alianza, Ramaphosa subrayó este
miércoles que los partidos han acordado una “declaración de intenciones” para “buscar
un crecimiento económico rápido, inclusivo y sostenible”, además de otros
objetivos.

Asistentes de alto nivel

La ceremonia contó con la asistencia de 18 jefes de Estado y de Gobierno
africanos, según detallaron las autoridades, además de exmandatarios,
delegaciones de numerosos países y jefes tradicionales sudafricanos.

Algunos de los líderes presentes fueron los presidentes de Nigeria, Bola
Tinubu; la República Democrática del Congo (RDC), Felix Tshisekedi; Angola,
João Lourenço; Zimbabue, Emmerson Mnangagwa; Mozambique, Filipe Nyusi;
Tanzania, Samia Suluhu Hassan; y la República del Congo (Congo-Brazaville),
Denis Sassou-Nguesso, así como el rey de Esuatini (antigua Suazilandia), Mswati
III.

También enviaron representantes de alto nivel Namibia, Lesoto, Uganda,
Burundi, Sudán del Sur y Egipto, además de China y Cuba, con su vicepresidente,
Salvador Mesa.

Asimismo, acudieron representantes de organizaciones como la Unión Africana
(UA), la ONU y la Comunidad para el Desarrollo de África Meridional (SADC, por
sus siglas en inglés), además de Palestina, cuya causa ha contado
históricamente con el apoyo de Sudáfrica.

No estuvo presente, sin embargo, el expresidente Jacob Zuma (2009-2018),
cuyo nuevo partido, uMkhonto weSizwe (Partido MK), boicoteó la ceremonia de
investidura al rechazar de plano la formación del Ejecutivo de unidad nacional.

El Partido MK dio la gran sorpresa en las elecciones al quedar como la
tercera fuerza y pidió una repetición electoral al alegar fraude.

Tampoco acudió Julius Malema, líder de los Luchadores por la Libertad
Económica (EFF), de extrema izquierda y cuarta formación, al tener que asistir
a una vista de un juicio en el que se le acusa de haber disparado una arma de
fuego en público en 2018.

Un gabinete de coalición

La investidura fue la culminación de un proceso marcado por la
incertidumbre, después del reciente descalabro electoral del CNA, que ha
ocupado el poder desde la instauración de la democracia y el fin del régimen
racista del ‘apartheid’ en 1994.

En los comicios del 29 de mayo, los séptimos generales del país, la
histórica formación logró el 40,18 % de los votos, que se traducen en 159 de
los 400 escaños de la Asamblea Nacional (Cámara baja del Parlamento), una
victoria insuficiente que la obligó por primera vez a acercarse a otros
partidos para poder gobernar.

Ese acercamiento se palpó el pasado viernes en una maratoniana primera
sesión de la Asamblea Nacional tras las elecciones, en la que Ramaphosa, de 71
años, resultó elegido por 283 votos.

Horas antes de esa elección, John Steenhuisen, líder de la Alianza
Democrática (AD, centroderecha liberal), hasta ahora primera fuerza de la
oposición, anunció haber llegado a un acuerdo con el CNA para formar un “Gobierno
de unidad nacional (GUN)”.

La formación gobernante confirmó este lunes que otras tres fuerzas políticas
aceptaron unirse a la alianza: el Partido de la Libertad Inkatha (IFP,
conservador y nacionalista de la etnia zulú), GOOD (socialdemócrata) y la
Alianza Patriótica (AP, extrema derecha).

Así, la investidura da el pistoletazo de salida para la formación de un
Gabinete que debería incluir a miembros de los otros partidos de la coalición,
si bien Ramaphosa no ha revelado todavía su composición.

Tras desempeñar un importante papel en las negociaciones que permitieron
desmantelar el ‘apartheid’, ser un líder sindicalista y prosperar en el sector
privado, Ramaphosa llegó en 2018 a la Presidencia sudafricana con la promesa de
cambio para acabar con la corrupción que empañó el mandato de su antecesor,
Zuma.

Sin embargo, su popularidad decreció por la persistencia de problemas como
el elevado desempleo (32,9 %), la criminalidad, la crisis energética con
constantes apagones y la extrema desigualdad que todavía pesa sobre la
población negra.

EFE


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