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“Fue una Navidad sin alma”: el lado invisible de las fiestas en la Unidad 15

Mientras la mayoría festeja en familia, alrededor de 400 personas privadas de libertad pasaron la Navidad y recibirán el Año Nuevo en la Unidad N.º 15 de Cerro Largo. Sin arbolitos ni brindis ruidosos, las fiestas se viven entre silencios, visitas que siempre son cortas y la esperanza de un abrazo que llegue a tiempo.

Mientras la mayoría celebra en familia, unas 400 personas privadas de libertad pasaron la Navidad y se preparan para recibir el Año Nuevo en la Unidad N.º 15 de Cerro Largo, donde diciembre se vive distinto: sin árboles, sin luces y con una nostalgia que atraviesa muros.

En el centro carcelario Conventos no se arman arbolitos ni hay grandes detalles festivos, a no ser algún simple adorno que decora la oficina de los operadores penitenciarios. Algunos de los internos guardan cartas y dibujos de sus hijos; otros, al caer la medianoche, leen una y otra vez esos mensajes que viajan desde afuera como único abrazo posible. El pasado 24, las visitas se desarrollaron de 9:00 a 12:00 y de 13:00 a 16:00, con largas filas bajo el calor intenso y emociones contenidas entre quienes esperan entrar y quienes aguadan.

Las historias son muchas, pero se repiten en un mismo hilo: tristeza, distancia y tiempo. Susana, madre de un joven preso por venta de droga, nos contó entre lágrimas que su hijo le pidió que no fuera: “Lo que antes era alegría hoy se vuelve tristeza. Desde que él está preso, pasamos una Navidad sin alma”, aseguró.
Mabel, que vive su primer fin de año con una hija privada de libertad, reconoce que estas fechas ahora “tienen un sabor amargo”, porque lo que antes era compartir, hoy es apenas un rato de encuentro entre rejas. Su hija es parte de las 48 mujeres que estás tras las rejas.

En estas fechas, la cena en la unidad por lo general es pollo asado y el “brindis” es imaginario, silencioso, ya que se trata de un fin de año sin fuegos artificiales, donde el reloj marca no solo el cambio de calendario, sino también la esperanza de quienes esperan la libertad y el reencuentro.

Afuera y adentro, las fiestas no siempre son sinónimo de celebración. Para muchas familias en Cerro Largo, esta época se vive con un deseo simple: que el próximo diciembre los encuentre más cerca.

  • Aclaración: los nombres detallados en esta crónica no son reales, las historias sí.

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