“Estamos en una ruptura”: primer ministro de Canadá apuntó contra Trump y el globalismo

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El Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, se reunió junto a líderes políticos del mundo en el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) en la ciudad suiza de Davos este martes, donde dio un tajante discurso acerca de las tensiones geopolíticas y el relacionamiento basado en normas que sostiene los principios de un mundo globalizado.
Carney enfocó su discurso en dos aspectos clave: la soberanía y una “ruptura del orden mundial” y cómo estos interpelan a lo que denominó como “potencias medianas” .
“Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben”, abrió el ministro.
Ante eso, dio el ejemplo del ensayo El poder de los sin poder del disidente anticomunista checo Václav Havel, quien explicaba cómo un verdulero sosteniendo un afiche de una ideología en la que ni él ni nadie creen “lo ayudaba a evitar problemas y señalar conformidad”, por más que sabe que rituales de eso son “falsos” y “vive dentro de una mentira”.
En ese sentido, Carney sostuvo que “el poder de un sistema no viene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto”, mientras que “su fragilidad proviene de la misma fuente”. Por lo tanto, cuando se deja de actuar —dentro del ejemplo, cuando el verdulero quita el afiche— se cae la ilusión.
“Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección. Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima”, explicó.
De acuerdo con esto, el ministro subrayó que esa ficción “era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas”, por lo que “pusieron el letrero en la ventana” y “participaron en los rituales sin señalar brechas entre la retórica y la realidad”.
“Ese pacto ya no funciona”, manifestó. “Estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis —financieras, sanitarias, energéticas y geopolíticas— dejaron al descubierto los riesgos de una integración global extrema”, argumentó.
Carney dio el ejemplo de los aranceles y cómo “las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma” y “la infraestructura financiera como coerción”. “No se puede vivir en la mentira del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación”, dijo.
A raíz de este planteo, el primer ministro enfatizó que “un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse, tiene pocas opciones”. “Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú”, indicó.
“La pregunta para las potencias medias como Canadá no es si debemos adaptarnos a esta realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos o si podemos hacer algo más ambicioso”, planteó Carney.
Sobre esto, el canadiense propuso lo que el presidente de Finalndia, Alexander Stubb, denomina como “realismo basado en valores” y apunta a que Canadá sea “principista” con respecto a la soberanía de distintos países y “pragmático” al “reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen y que no todos los socios comparten los mismos valores”.
En ese sentido, el ministro afirmó que Canadá ha trabajado con países y bloques comerciales de todas las regiones del mundo —incluido Uruguay y el Mercosur— en la creación de “diferentes coaliciones para diferentes asuntos, basadas en valores e intereses”.
“Esto no es multilateralismo ingenuo ni depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen asunto por asunto y con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. […] Las potencias medias deben actuar juntas porque si no estás en la mesa, estás en el menú”, ratificó Carney.
El canadiense concluyó que los países de en medio deben “quitar el letrero de la ventana” y reconocer que “el viejo orden no va a volver”. “A partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y justo”, cerró.
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