Perros felices, veraneantes molestos y controles ausentes

La escena se repite cada verano en la Laguna Merín: perros chapoteando en el agua, dueños disfrutando del momento y turistas que observan la situación con creciente molestia. Aunque existen zonas específicas habilitadas para concurrir con mascotas, en la práctica las normas no siempre se respetan.
Familias enteras bajan a la playa con sus perros, incluso en sectores señalizados como no aptos, generando incomodidad entre quienes buscan disfrutar del descanso. “A mí me gustan los perros, pero que hagan sus necesidades donde camino y donde juegan mis hijos no está bien”, relató una veraneante visiblemente molesta.
El problema no apunta contra los animales, sino contra la falta de responsabilidad de algunos propietarios y la ausencia de controles por parte de las autoridades. No hay presencia inspectiva ni acciones concretas que ordenen la convivencia en un espacio que debería ser compartido.
Mientras los perros disfrutan del agua sin restricciones, los reclamos se acumulan en la arena. En la Laguna Merín, el verano avanza sin controles, y la convivencia queda librada a la buena voluntad de cada uno.