Berlín vuelve al juego: el golpe más elegante es el que no existe
La segunda temporada apuesta por el engaño, el estilo y el caos emocional: Sevilla, Da Vinci y un plan donde nada es lo que parece.
Hay personajes que no se explican: se imponen. Andrés de Fonollosa, alias Berlín, es uno de esos casos raros donde el villano termina siendo lo más interesante de la historia. Hedonista, manipulador y peligrosamente encantador, Pedro Alonso lo convirtió en una figura incómoda: no es un tipo al que deberías bancar… pero igual querés que gane.
El spin-off de La Casa de Papel arrancó en 2023 con una apuesta arriesgada: bajar la intensidad del atraco clásico y subir el glamour, el humor y el juego psicológico. Y funcionó. No por copiar la fórmula original, sino por hacer otra cosa. Ahora, la segunda temporada —Berlín y la dama del armiño— llega el 15 de mayo de 2026 y redobla la apuesta.

El escenario cambia de París a Sevilla, pero el ADN sigue intacto: un golpe imposible, un plan lleno de capas y un protagonista que siempre parece estar tres jugadas adelante. Esta vez, el objetivo visible es fingir el robo del famoso cuadro de Da Vinci. Pero, como es costumbre, eso es puro teatro. El verdadero juego apunta a un matrimonio poderoso que cree poder chantajear a Berlín. Error clásico: subestimar al tipo equivocado.
Vuelve la banda con caras conocidas y suma una pieza clave: Candela, interpretada por Inma Cuesta, que no solo se integra al plan sino que entra en el terreno más peligroso de todos… el emocional. Porque si algo define a Berlín, además de su talento para el crimen, es su tendencia a mezclar amor con caos. Y eso siempre termina caro.
La serie sigue dividiendo aguas. Algunos la ven más liviana, menos tensa que la original. Y tienen razón. Pero también es cierto que ahí está su valor: no intenta repetir la fórmula, sino expandir el universo desde otro ángulo. Más estilo, más juego, menos solemnidad.

¿Vale la pena? Sí. Porque, más allá del debate, Berlín sigue siendo un personaje magnético. Y cuando alguien así vuelve a escena, lo mínimo que podés hacer es mirar cómo ejecuta el próximo movimiento.