
Durante mucho tiempo, el trabajo del escultor melense Javier Reyes transcurrió lejos de las grandes miradas. Entre talleres, materiales reciclados y proyectos construidos a pulmón, el artista fue dando forma a un estilo propio que hoy comienza a ganar protagonismo en distintos puntos de la ciudad.
Junto a su esposa, Noelia Lucarelli, y acompañado por los municipales Mario y Washington Silvera, Reyes integra un equipo que desarrolla intervenciones urbanas que mezclan creatividad, reciclaje e identidad local.
Ese trabajo volvió a quedar reflejado días atrás en la renovada Esquina del Tango, reinaugurada en la Plaza Independencia. Allí, una antigua vitrola junto a un banco se transformó en una de las imágenes más comentadas de la tarde noche, recreando una escena tanguera que conecta pasado y presente en pleno centro de Melo.

Detrás de la obra hay un proceso artesanal que lleva tiempo, planificación y muchas horas de trabajo. Reyes explica que es difícil calcular exactamente cuánto demora cada creación porque normalmente avanzan en varias piezas al mismo tiempo, aunque estima que esta intervención demandó alrededor de dos semanas.
Uno de los elementos distintivos del proyecto es el uso de materiales reciclados. En esta oportunidad, gran parte de las piezas utilizadas provenían del antiguo sistema eléctrico del viejo cine Melo. Tableros, cajas y estructuras que estaban destinadas al descarte terminaron convertidas en una obra artística que hoy forma parte del paisaje urbano.



Pero el trabajo del equipo no se detiene. Actualmente desarrollan nuevas esculturas para el renovado Parque Rivera, donde enormes dinosaurios formarán parte de los futuros atractivos del paseo. Algunas piezas superan los dos metros de altura y muestran un nivel de detalle que sorprende incluso antes de ser instaladas.
Con humildad y perfil bajo, Reyes señala que el reconocimiento llegó después de muchos años de esfuerzo y oportunidades escasas. Sin embargo, hoy siente que el arte que durante tanto tiempo permaneció casi invisible finalmente comenzó a encontrar su espacio.





“Solos no se hace nada”, afirma el escultor, agradeciendo a quienes confiaron en su trabajo desde hace tiempo. Entre ellos, destaca fundamentalmente al actual intendente Christian Morel, quien como acalde ya había apostado por sus creaciones en obras realizadas en Río Branco y la zona de Laguna Merín.
Hoy, aquellas piezas nacidas entre hierros y materiales olvidados comienzan a convertirse en símbolos de nuevos espacios públicos y en parte de la identidad visual de la ciudad.