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Coleme: “Fueron diez años de calvario; el cierre era una muerte anunciada”

Wiston Rivero, productor lechero de Cerro Largo, sostuvo en entrevista exclusiva para La Mañana que la crisis de Coleme se arrastraba desde hace una década. Mientras lamenta la pérdida de una institución construida por generaciones de tamberos que llegó a reunir 400 productores pero terminó con apenas diez remitentes y una planta reducida a mínimos, ve en la incorporación a Conaprole la oportunidad de iniciar una nueva etapa para la cuenca.

El cierre de la Cooperativa de Lechería de Melo (Coleme) repercutió fuertemente en todo el país, no solo en el ámbito particular de la lechería nacional sino en lo productivo en general, y aún entre quienes no se sienten identificados o están alejados de esa realidad. Sin embargo, para el productor Wiston Rivero, como para tantos otros, se trató, como en la novela de Gabriel García Márquez, de la “crónica de una muerte anunciada”, pero a su vez, mientras no terminamos de digerir el impacto del cierre, la solución para los productores llegó rápidamente desde otra cooperativa, Conaprole.

La fotografía que ilustra el artículo fue enviada por Rivero a La Mañana; es el camión de Conaprole que el viernes 5 de junio concurrió, por primera vez en muchos años, a retirar la leche de su establecimiento. La imagen marca el comienzo de una nueva etapa, sostuvo el productor, y agregó: “Eso fue lo que yo puse en el grupo de productores rurales que estaban muy críticos con el cierre de Coleme. Es el inicio de un nuevo tiempo”.

En Palleros, Cerro Largo, Wiston Rivero trabaja a diario en su tambo, una tarea que continuó de su padre. “Soy de la Colonia Wilson Ferreira Aldunate, el tambo tiene 70 años y yo soy la segunda generación”, dijo a La Mañana al ser consultado al respecto. Con 150 vacas Holando, su remisión “de toda la vida” fue a Coleme.

Diez años de calvario

Consultado sobre el origen de la crisis de Coleme, dijo que el resultado de hoy “no es consecuencia de un solo día sino que se muestra a partir del fin del convenio Coleme-Conaprole, que ocurrió en 2016. En ese momento comenzaron los diez años de calvario, donde los productores recibíamos un precio inferior al precio promedio; durante muchos años trabajamos por debajo de los costos de producción y cobrando cuando había algo de plata”.

“El cierre fue la crónica de una muerte anunciada, una situación que todo el mundo sabía y lo que resta ahora es concluirla”. Por ese motivo, y aunque la noticia del cierre impacte en la sociedad y en los medios de comunicación, “no es algo que llame la atención de nadie porque en ningún lugar del mundo se puede trabajar sin cobrar la producción”.

Por otro lado, resaltó que “el mayor esfuerzo lo hicieron los productores” y que el cierre nunca es una solución: “Los productores de la cuenca salen endeudados y con el aparato productivo destruido, pero los productores que quedaron salen con la entereza de haber aguantado tantos años. No hay que olvidarse que hay productores que dejaron de remitir, y 100 empleados de tambo con conocimientos y experiencia que no están en los tambos haciendo lo que saben; están cortando leña o andan haciendo algún alambrado, pero era gente especializada que tuvo que dejar la actividad. La verdad es que el sector primario fue golpeado por todo esto, subsidió a la industria durante muchos años, y se llegó a un punto en que no se pudo más”, sintetizó.

“Se perdió la institucionalidad que crearon nuestros padres”

En lo particular, hace varios años que, desde la Asociación de Productores de Leche que presidía, Rivero ya hablaba de un llamado a concursos de acreedores “porque veíamos que la situación era insostenible. Eso nos creó muchos problemas, hubo una división entre los productores, la mayoría decidió seguir trabajando e intentando salvar la cooperativa, pero la vida al fin y, lamentablemente, nos dio la razón, y termina como ya sabemos que terminó”.

En sus comienzos Coleme tenía 400 productores; en los últimos diez años solo quedaban 64, y últimamente apenas diez. “La institucionalidad lechera se fue minando lentamente, esa institucionalidad que crearon nuestros padres” y que incluía espacios como un campo de recría y un almacén de insumos, entre otros. “El campo de recría se quedó sin público objetivo porque no había productores y se entregó el campo al Instituto Nacional de Colonización”, recordó.

Sobre el convenio de Conaprole con Coleme, Rivero lo valoró muy positivamente. Consistía en que Conaprole comercializaba en el mercado interno la producción de Coleme. Por ese acuerdo “nosotros nos asegurábamos el cobro de la leche a un precio justo, al precio de los productores Conaprole, y además éramos parte del sistema Conaprole; teníamos Prolesa, Proleco, estábamos asociados a la Asociación Nacional de Productores de Leche. Al haber quedado sin insumos, sin fuentes de financiamiento, sin institucionalidad, lamentablemente se fue desgranando de a poco hasta que terminó”.

El convenio entre ambas cooperativas duró 25 años y en ese cuarto de siglo para los productores de Coleme fue como si formaran parte de Conaprole: “Teníamos todos los beneficios de ser productores de Conaprole siendo remitentes a Coleme. En ese tiempo hubo convenios con 6 plantas industriales; el único convenio que sobrevivió en el tiempo fue el que tuvo con Coleme, entre otras cosas por la calidad de su producción”.

La expresión del “espíritu cooperativo”

Conocida la decisión del cierre, el presidente del Instituto Nacional de la Leche (Inale), Ricardo de Izaguirre, resaltó la importancia de mantener la cuenca, para lo cual no se debe perder a los productores, e hizo un llamado a las industrias del país para que puedan absorber la leche que diariamente se genera en los tambos afectados. En ese rol es que aparece Conaprole.

En ese sentido, Rivero firmó la solicitud de ingreso a Conaprole y el viernes 5 de junio remitió a la cooperativa. Al momento de conceder la entrevista a La Mañana no había tenido respuesta, pero no habría razón para no ser aceptado. Ese paso en medio de la tormenta “es la oportunidad de desarrollarnos con nuestra familia”, definió.

Lo único que necesitamos los productores es “una planta a la cual remitir la leche, y en este caso concreto necesitaríamos pertenecer a una cooperativa, que además es la opción de los productores que no quieren salir del sistema cooperativo”, además de que la geografía también juega en las decisiones de las empresas, porque debido a “las distancias, difícilmente venga alguna industria o empresa a buscar la leche a este punto; creer lo contrario es tener una visión muy montevideana”. De todas formas, “tengo entendido que hasta el momento la mayoría de los productores han visto con muy buen agrado” la solución de remitir a Conaprole.

Por otra parte, el productor enfatizó que no se puede decir que Conaprole se beneficia de esto. “No voy a permitir que se diga tal cosa, porque en verdad está haciendo un acto de solidaridad cooperativa con los productores. La realidad es que va a venir a la cuenca de Cerro Largo perdiendo plata”. Lo que estamos observando es la expresión del “espíritu cooperativo, por el cual la Cooperativa Nacional de Productores de Leche no le tiende la mano a Coleme, se la tiende a los productores remitentes”.

“Conaprole tiene un sistema justo, sano, que se puede mejorar como todo, pero es el mejor sistema que existe en el país”, subrayó.

Del subsuelo a un crecimiento exponencial

La interrogante obligada es qué puede pasar de ahora en adelante con la cuenca lechera de Cerro Largo, y si realmente es posible hacerla crecer. Esa es una de las preocupaciones de Rivero: “Lo que yo pretendo como gremialista que soy, es que la cuenca de esta zona crezca exponencialmente, en volumen de leche y que se agregue a esta nueva realidad algún otro remitente que haya dejado de producir”.

El potencial es que el sector “puede crecer por diez porque ahora está por debajo del subsuelo. La planta que llegó a procesar 50.000 o 60.000 litros de leche, hoy tiene 6.000 litros”.

Diferente es la situación de los empleados de la planta que, en estos casos y como cualquier industria, irán al seguro de paro y después les corresponderá el despido, si es que no surge alguna solución alternativa que por lo menos ayude a los trabajadores, que también son importantes.

Dificultades a pesar del buen momento del sector

Consultado sobre qué es lo que está sucediendo con el sector lechero, considerando que es uno de los principales productos de exportación (en mayo generó ingresos al país por US$ 85 millones ocupando el cuarto lugar del ranking mensual) pero permanentemente se informa de problemáticas en tambos e industrias, Rivero contestó: “Pasó lo que tiene que pasar en un sistema económico que evoluciona. Hay concentración de la producción en pocas plantas, como hay concentración de producción en menos tamberos”.

“Los tambos cada vez son más grandes, y las plantas también cada vez más grandes. Ante eso las plantas chicas no tienen manera de competir, a no ser que tengan un nicho de mercado particular como los queseros de Colonia, de Nueva Helvecia, que son unos fenómenos produciendo. Esos sí tienen posibilidades en nichos de mercado y trabajando con el turismo, pero para otros tipos de planta es diferente”.

“Fonterra es un ejemplo claro, lo hizo hace casi 30 años, pero en Uruguay nos cuesta bastante más”, reflexionó refiriéndose a la fusión de pequeñas cooperativas que juntas consolidaron al sector lácteo neozelandés.

Finalmente evaluó como “bueno” el momento de la lechería, “por tanto nosotros esperamos recibir por primera vez la bonanza de ese buen momento”.

Por último, Rivero valoró especialmente la actitud de “todas las gremiales lecheras que siempre han estado, como los compañeros de Conaprole, con quienes ya estamos navegando en el mismo barco”.

  • Fuente: La Mañana

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