Tras última crisis política, Orsi cambió la forma de afrontar el diálogo con la prensa: qué analiza su equipo
Luego de la larga polémica en torno a la compra con descuento de su camioneta Hyundai, el presidente acotó las tradicionales ruedas con los periodistas para pasar a enfocarse en los temas de su agenda oficial.

Los aproximadamente 10 días que duró lacrisis política más importanteque tuvo hasta ahora elpresidenteYamandú Orsi, desencadenaron, como era previsible, una estela deconsecuencias en la interna, no solo de laTorre Ejecutivasino también en elFA. Porque lo que los titulares de prensa llamaron “caso” o“polémica de la camioneta”—como resumen de las distintas explicaciones que Orsi fue ofreciendo en distintos momentos sobre cómo y por qué adquirió su camionetaHyundai Santa Fecon un descuento de US$ 25 mil— no dejó indiferente a nadie en el oficialismo.
Hubo, de hecho, reuniones de significación política para intercambiar sobre los daños generados por esta crisis y cómo construir un camino para salir de ella. Un ejemplo de esto, fue la mantenida el 9 de junio entre el propio jefe de Estado —que buscó dejar atrás el debate al donar el vehículo, finalmente, a la educación pública— y la bancada de senadores del Frente Amplio; o la convocada seis días después, también en la residencia presidencial de Suárez y Reyes, con veteranos dirigentes de la coalición de izquierda —entre ellos, el exintendente de CanelonesMarcos Carámbula.
Y se ha llegado a una conclusión general, en todo el arco del oficialismo y reflejada también por varios analistas y politólogos, de que el gobierno atraviesa definitivamente una coyuntura negativa. De esto han dado cuenta todas las encuestas semanas atrás -las que además no incorporaron las repercusiones en la ciudadanía sobre el episodio del vehículo- y lo tienen asumido en la Torre Ejecutiva. El propio Orsi, por ejemplo, luego de haber confirmado su asistencia al primer partido de la selección uruguaya en el Mundial, cambió de parecer y optó por quedarse -para, entre otras cosas, estar en Montevideo al momento de presentar la Ley de Competitividad y la Rendición de Cuentas-, pero el gesto también respondió a una reacción interna a las secuelas de la crisis, dijeron días atrás fuentes oficiales a El País.
En el gobierno también tienen claro que el estilo particular de comunicación del presidente —una característica que Orsi admitió a fines del año pasado que lo llevaba y seguiría llevándolo a cometer “tropiezos discursivos”— no siempre genera escenarios favorables en la configuración de la agenda mediática.
Y esto, sumado a una percepción —por otra parte, común a casi todos los gobiernos— de que los medios no se ocupan de los “temas centrales”, generó, en concreto, dos cambios en la idiosincrasia comunicacional de Presidencia.
En primer lugar, y para compensar la falta de centralidad de la información juzgada relevante para los intereses del gobierno, el presidente adquirió un perfil más activo en el manejo de sus redes sociales, concretamente en X, en donde comenzó a destacar, con asiduidad, aspectos de su gestión.
Yamandú Orsi comenzó el año con una baja frecuencia de tuits, posteando principalmente ante eventos de emergencia, como lo hizo el 3 de enero tras el ataque estadounidense en Caracas y la captura de Nicolás Maduro, y 15 días después para celebrar el histórico acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. No volvió a pronunciarse en X hasta el 1° de marzo, cuando se cumplió el primer año de su gobierno, hito de calendario que recordó con palabras protocolares.
Pasaron las semanas hasta que llegó el 27 de abril y Orsi expresó su solidaridad con Donald Trump, luego de un frustrado atentado en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca. Celebró tres días después la ubicación de Uruguay en el Índice Mundial de Libertad de Prensa y luego, en mayo, conmemoró dos fechas clave: el 1° y el 20 de mayo.
A partir de entonces, el presidente comenzó a recurrir a X todas las semanas —y en algún caso hasta dos veces por día— para difundir metas de gestión alcanzadas. Para ese momento se terminaba de conocer la segunda tanda de encuestas del año que, de forma unánime, mostraron un crecimiento relevante de la desaprobación del gobierno. Estos indicadores alarmaron al oficialismo al reflejar que, en buena parte, este problema de insatisfacción ciudadana se explicaba también por la creciente opinión negativa de frenteamplistas o votantes de la fórmula ganadora.
Así, a fines de mayo, el mandatario tuiteó sobre una producción que Netflix decidió hacer en Uruguay por US$ 8 millones. El 1° de junio se refirió a la baja del precio de la electricidad en el mercado mayorista y, dos días más tarde, celebró la baja del desempleo, un posteo en el que también afirmó que estaba obligado a responder por “otras presiones que se sienten en el bolsillo”. Al día siguiente, destacó que todos los pueblos de más de 1.000 habitantes estaban conectados a la fibra óptica y, esa misma jornada, valoró la presentación de un plan de obras de la ANEP. La semana siguiente remarcó que el ingreso de los hogares logrará un nuevo máximo histórico —“los números no opinan, muestran”— y, el miércoles pasado, se mostró participando de una nueva intervención del programa Más Barrio, en Las Piedras.
En segundo término, cambió el diálogo que, hasta ahora, Orsi venía manteniendo con los medios de comunicación en las actividades públicas diarias en las que todos los presidentes participan. Esto último podría parecer fortuito pero no lo es, señalaron a El País integrantes de su equipo de comunicación.
Por costumbre, el exintendente de Canelones ha mostrado siempre un fluido vínculo con los periodistas —lo que, en los hechos, quiere decir brindar cotidianas declaraciones a la prensa y prestarse a responder cuanta pregunta quieran hacer— desde su época como jefe comunal, durante la campaña electoral en 2024 y luego en su primer año como presidente. Aunque en campaña es cierto que no dio todas las entrevistas que le pidieron, e incluso en alguna oportunidad suspendió notas a último momento.
Pero de un tiempo a esta parte —un eufemismo para decir: desde la crisis generada entre el 26 de mayo y el 2 de junio, aproximadamente—, Orsi comenzó a reducir las ruedas de prensa con cuestionario abierto. Un primer paso en este sentido lo dio cuando, en su tercera explicación sobre la polémica de la camioneta, citó al piso 11 de la Torre Ejecutiva a periodistas de la prensa escrita -entre los que estuvo El País-, pero no a los representantes de radios y canales, para tener así una conversación más “ordenada”, según reconocería al otro día. “Son temas en los que tenés que ir paso a paso. Tenés que explicar y que no te vengan con una pregunta de si las mujeres están fumando, como pasó el otro día”, fundamentó el 3 de junio.
A partir de ese punto, entonces, sus declaraciones públicas comenzaron a ser menos frecuentes y, muchas veces, referidas casi exclusivamente a la actividad oficial que lo convocaba. El miércoles 10 de junio, por ejemplo, en Lavalleja, adonde fue para inaugurar la iluminación de una cancha de fútbol infantil, habló durante pocos minutos ante los micrófonos y evitó responder sobre la reunión mantenida esa semana con los senadores de su partido. “Hay muchos temas a nivel de gobierno nacional, pero hoy queremos disfrutar esto”, se limitó a decir.
Una semana después, en el barrio Corfrisa de Las Piedras, donde comenzó a implementarse el programa “Más Barrio”, también dialogó con los medios, pero centrado en la intervención que estaba iniciando el Estado.
“La actitud ha sido siempre la de abrir el juego, pero empezamos a ver que no estaba funcionando, porque el presidente terminaba hablando de cualquier otro tema y no del asunto que requería su presencia en el lugar”, explicó una de las fuentes consultadas, que entiende que, de la forma anterior, “se desviaba la atención de las cosas importantes” para el gobierno.
En su equipo también están convencidos de que Orsi es de los presidentes que más ruedas de prensa ha concedido hasta el momento. Ahora, sin embargo, es cada vez más usual, como ocurrió este viernes en Sauce durante el acto por el natalicio de Artigas, que el mandatario se retire sin hacer declaraciones.
EL PAIS